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miércoles, 18 de enero de 2012

AGATHA... Recuperándose!!!

Edú ayudó a incorporarse a Agatha y la invitó a tomar un jugo de frutas al cafetín donde él siempre tomaba desayuno antes de ir a sus clases de la Universidad, este quedaba a escasos metros de su casa, barrio paralelo a los suburbios a donde ella había llegado. Cursaba el 4to. ciclo de Medicina Humana, y madrugaba para llegar temprano a sus clases y poder encontrar una buena ubicación. La primera clase comenzaría a las 7:30 a.m., tiempo necesario para digerir un par de sándiwch y un buen jugo. Cuando faltaba poquito para llegar al cafetín, el olor de unos huevos revueltos, atormentaron el estómago de Agatha y el incontenible vómito se vino furioso hasta por su naríz. Edú sacó su pañuelo y se lo dio, ella medio mareada, logró limpiarse  y secar su boca, preocupado le tocó el pulso y enseguida Agatha se desplomó, pero Edú  la sujetó a tiempo y cayó inconsciente en sus fuertes brazos. Estela una buena señora, propietaria del cafetín, al ver la escena corrió a ayudar a Edú y entre los dos la sentaron en una de las sillas de su negocio, la noble señora, con su mandil amarillo a medio amarrar, corrió en busca de  alcohol y enseguida le dio a oler para que Agatha volviera en sí. -¡Dios mío, esta chica está volando en fiebre!-, -Si señito, la acabo de encontrar maltrecha, casi dormida en una de las calles del Barrio Norte, allá donde siempre salen las pandillas, pero gracias a Dios, la encontré a tiempo y no le ha sucedido nada, más que el cansancio y la falta de alimento... por eso la he traído hasta aquí para que pueda desayunar algo-. Agatha escuchaba vagamente las voces que hablaban sobre ella y poquito a poco, comenzó a restablecerse. -¡Tengo sed!-, fue lo primero que dijo y Estela le alcanzó agua, que bebió desesperada como si hubiera estado en el desierto. Después de descansar, con la temperatura estable y luego de probar los ricos panecillos calientes con mantequilla y mermelada, que Estela le había preparado, pidió el baño para asearse, no tenía ropa limpia y la atenta señora que actuaba como una madre, le prestó una falda blanca, una blusa con flores rojas  y ropa interior que tanta falta le hacía, ropa que Estela guardaba de cuando tenía una o dos tallas menos. Edú esperaba impaciente, quería volver a ver a Agatha para despedirse y decirle que si lo necesitaba no dude en buscarlo, pero el ómnibus que lo llevaría a la Universidad llegó y ya no tuvo tiempo para despedirse de ella.

Autora: Nuria Lourdes Ruesta Zapata.






continuará...                                                                                                                            Capítulo II

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