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martes, 27 de diciembre de 2011

"MI ABUELITA RENÉ"

25 de diciembre...  Navidad... último día de mis cortas vacaciones en mi bello Piura. Las calles vacías, silenciosas, no había ningún lugar disponible donde mi familia y yo pudiéramos almorzar. Mis hijos ansiosos, toda la familia con mucha hambre, de pronto la pollería "LA CARRETA", abrió sus puertas y nos fuimos todos  contentos  a devorar todo lo que nos sirvieran, enseguida el riquísimo pollo a la brasa, con su deliciosa ensalada, sus cremas y las abundantes y calientes papitas. Después de tan exquisito festín y con la barriga llena, decidimos visitar a mi abuelita. Nos dirijimos todos a pie, de pasadita bajábamos la comida caminando un rato. Mi hija con su scooter, paseando por las veredas del Parque Infantil... y la ciudad se veía linda, tranquila y acogedora como siempre. Acelerábamos el paso para llegar pronto y poder  ver a mi abuelita. RENÉ HILDEGARDA BRICEÑO, madre de mi papá. La única abuelita que me queda viva y a quien mi padre quería mucho y nunca dejó de llevarme a su casa para visitarla mientras estuvo vivo. Hoy, después de mucho tiempo de su partida, ella lo sigue llorando y aún en sus avanzados años, no pierde la lucidez y siempre lo recuerda y luego... se queda pensando y  esperando que en algún momento, pueda  volverlo a ver. Llegamos a  su casa, mi tío Arturo, el último hermano de mi padre, nos abrió la puerta, nos saludó contento y nos hizo pasar. Mi abuelita dormía en el mueble, tenía su manito vendada. -Mamá, despierta, Nuria ha venido a visitarte-, ella convelesciente por el sueño, se movió ligeramente y nos observó por breves segundos, luego pidió a mi tío que la ayudara a sentarse y así lo hizo. Me acerqué a su lado y le presenté a mis hijos, uno por uno, al final mi esposo se acercó a ella y le dio un abrazo. Después me senté a su lado y extendió sus débiles brazos para extrecharme fuertemente y también la abracé... empezó a llorar  y me agradecía el que haya ido a visitarla... tampoco pude contener el llanto y con su tierna voz me dijo al oído: -¿Recuerdas cuando siempre te iba a visitar?-, -Si abuelita, cómo olvidarlo!-, -¿y recuerdas cuando tejí unas lindas medias para Bryan?-, se refería a mi hijo mayor que también  partió al lado del señor hace algunos años... también le dije que si y nuevamente se quedó dormida. En su frágil y delgado cuerpo, había sufrido varias caídas y la que ahora tenía en su muñeca, era una de las últimas fracturas...  el sólo hecho de verla así, me entristecía mucho, pero a pesar de los años, ella seguía ahí, firme, fuerte como un roble, aunque su delgadez, demostrara lo contrario. Conversamos de todo un poco con mis tíos Arturo y mi tía Meche, hermana de mi padre también y con sus hijos, a quienes no veía hace bastante tiempo. Jocosas anécdotas, divertidas experiencias, y todos nos reíamos amenamente, hasta que mi abuelita otra vez despertó y me dijo en voz baja... -¡Me haz  venido a visitar, estoy felíz por eso, gracias hijita, te quiero mucho!-, y lo repetía una y otra vez, y yo...  pensaba que sería la última vez que la vería y no sé por qué se cruzó ese pensamiento en mi cabeza, quizá talvés, porque la veía tan frágil, tan triste, no sé como explicarlo, sólo sé que mi corazón siempre estará con ella, por ser la madre de mi papá y por ser tan dulce, tierna y muy buena... mi  abuelita René, a quien quiero mucho. Llegó el triste momento de la partida, me despedí de todos, especialmente de ELLA, y me dio su bendición, diciéndome que me cuide mucho y que le daba mucho gusto que toda mi familia esté unida. Me dio un tierno beso en la frente y yo la abracé nuevamente y le dije que pronto la visitaría de nuevo. En la esquina de la sala, EL NACIMIENTO, con el DIVINO NIÑO JESÚS, contemplando la triste despedida, Nacimiento que por años ella  adornaba con mucho devoción... ahora lo veía más pequeño, antes, llenaba el dormitorio donde ella dormía... pienso que por más que pasen los años, sus enseñanzas y su amor por sus hijos, por sus nietos, siempre estarán con nosotros... pero el AMOR por su hijo ausente... MI PADRE... para toda la vida, permanecerá en su alma y en su corazón. Te amo abuelita René... pronto estaré contigo otra vez!-.

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