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lunes, 14 de noviembre de 2011

"KIMBA" PRINCESA GATUNA (I)

En casita, soy la última en acostarse. Siempre viendo que todo esté en orden para el día siguiente. Apagué las luces de toda la casa. Dispuesta a descansar. Me metí a mi tibia camita. Deslicé la frazada para cubrirme y comencé a orar. Mi esposo dormía profundamente. Mis hijos igual. De pronto, siento que suavecito alguien pasaba por mis piernas, Hice un movimiento brusco, y mi corazón, palpitando, a MIL POR HORA. Tomé un sorbito de aire. -¡Debe ser mi idea!-, me dije...  y seguí rezando. El cuarto estaba completamente oscuro y soy sincera, no me gusta dormir a oscuras, al menos, una ténue lucecita...es suficiente. Sin embargo nada. Estaba a punto de quedarme dormida. y otra vez, alguien jaló mi cabello. Luego una manito pequeñita por mi cara. Frágil, como una suave caricia. Entonces tomé valor y salté de la cama para prender la luz. Pero, la luz se había ido. Cogí mi celular, que siempre lo tengo a mano para ver la hora, y no tenía batería. No quise despertar a mi esposo. Había estado de ronda y estaba super cansado. Regresé a la cama. Asustada y abrazando mi almohada. Y nuevamente, alguien jaló mi cabello. No pude resistir más y enseguida vi por debajo de la puerta, una luz blanca. Era de la sala. La había dejado prendida. Entonces me alegré. La luz  había vuelto. Apagué la luz otra vez y volví a mi cuarto. Me tranquilicé y el miedo, poco a poco iba desapareciendo. Dispuesta a dormir. Vi unos brillantes ojitos. Cogí una de mis sandalias y la lancé sin medir a dónde o a qué le caería. Y sentí, que algo se alejaba corriendo. Último intento...prendí la luz. Revisé todo...y cuando ya estaba dándome por vencida de no encontrar nada. Divisé, uno de mis polos. Se movía despacito. Como si no quisiera que me dé cuenta de que algo estaba ahí. Y volví a coger, ahora una bota de mi esposo para lanzarle. Y escuché: -¡MIAUUUUUUUUU!. Era nada más y nada menos que KIMBA... mi GATITA linda. La bota le había caído en su cabecita, pero gracias a Dios no la soñó, ni perdió el conocimiento. Creo que su astuta habilidad hizo que esquivara el golpe. De lo contrario estaría adolorida y llorando. La cargué y la saqué del cuarto. Mi esposo por el ruido se había despertado y se empezó a reir a carcajadas y yo...muerta de vergüenza. A estas alturas, con miedo?. Le dí unas palmaditas en su cabecita y saqué a KIMBA del cuarto. Cerré al fin la puerta. Me acosté...abrazando a mi tierno y fiero gatito...MI ESPOSO!...Ahora sí...DULCES SUEÑOS!!!.

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